• Carola Dümmer

Fiebre de oliva en Toscana

Actualizado: 11 de feb de 2019

El otoño se asomaba lento en la Toscana el pasado octubre y la emoción se sentía en el ambiente. Era el momento de la cosecha de olivos, así es que nos sumamos a la fiebre del “olio nuovo” y nos lanzamos a recorrer el sur de la Toscana, región italiana situada al norte de Roma, famosa por sus extra virgen y sus vinos.

Para alojar, hay cientos de agriturismo que ofrecen desde el extremo lujo a la sencillez más absoluta. Elegir uno, y desde ahí hacer paseos por el día, permite disfrutar de desayunos relajados, con huevos de campo, prosciutto, quesos y tomates frescos o lo que sea que ofrezca la temporada, porque allá todo es local y de la estación.

Sin prisa, pero sin pausa, este es un circuito de cuatro días llenos de algunos de los mejores vinos, quesos y extra virgen del mundo.


TEXTO Y FOTOS: Carola Dümmer, para Revista Placeres Chile (Febrero 2019)

(*English version at the end)


Trequanda, desde Ultima Pietra

Día 1: A por el mito

Montenero no es uno de los destinos destacados en el circuito turístico toscano. Situado en la cima de la colina, y mirando al Val d´Orcia, es un pueblo más de las decenas que encontramos en esta zona, pero ahí en pleno centro, encontramos la moderna almazara de uno de los productores de mayor fama mundial, siempre en el top de los concursos mundiales y “productor del año” de la guía Flos Olei: Frantoio Franci.

Recién llevan una semana de cosecha, cuando los visitamos ese martes de mediados de octubre. Como cada mañana, Giorgio Franci y su hermana Lucia, catan a ciegas toda la producción del día anterior. Es un rito familiar que repiten en cada cosecha, y según eso van clasificando los aceites para definir qué se irá a cada línea después.

Esa mañana, Giorgio me pasa dos vasos de la selección del día. Me impresiona el verde intenso del Moraiollo, una de las variedades “clásicas toscanas”, junto con Leccino, Pendolino y Frantoio. Como todo lo que hacen, está increíble… Franci es simplemente Franci.

Una visita perfecta para comenzar este viaje, coronada con un almuerzo en el restaurante del pueblo: La Anticca Fattoria del Grotaione. Sencilla cocina local, preparada con materias primas de la zona y regado de vinos Montecucco y Brunello de Montalcino. Pero lo mejor, cada plato con su combinación perfecta de extra virgen.

Seguimos en Poderi Borselli, una empresa que lucha por hacerse un nombre en el mundo extra virgen con una propuesta orgánica y sustentable. Ubicados en una zona conocida como “Val d´Oro” (Valle de Oro), a los pies de Montegiovi, producen sólo dos aceites: Argento, una mezcla de variedades toscanas, y Oro, un monovarietal de Olivastra Seggianese que tiene la DOP (denominación de origen protegida) “Seggiano”. Los catamos en el restaurante, abierto todo el año, donde la familia ofrece especialidades toscanas para disfrutar de sus aceites. Bajo el suelo de este local, la almazara funciona a toda máquina a cargo de Davide Borselli, encantador y apasionado productor. Ambas empresas ofrecen visitas abiertas a todo público, previa reserva.

  Para cerrar el día, una pasada por Montalcino, un pueblo lleno de encanto, donde hay que perderse en sus calles y bares, para disfrutar lo que le da su gran fama: sus Brunello di Montalcino.


Día 2: Olio nuovo

Cada año, las familias se reúnen entre octubre y diciembre para cosechar sus olivos, y llevar la fruta al “frantoio” (almazara) del pueblo, donde será procesada para extraer el aceite. Acompañados de bidones o pequeños estanques de 50 litros, esperan pacientes que salga su producción para llevársela de vuelta a casa. Ahí la reparten entre familiares y amigos, y la consumen durante el año. Algunos pocos la embotellan y la venden con vistosos carteles colgando en sus portones, o en festivales de “olio nuovo” que en otoño se celebran por todas partes.

Vivir un día de cosecha es fácil. Falta mano de obra, así es que los pequeños productores reciben felices la ayuda que ofrecen turistas o amigos de paso. Así llegamos a Poggio Pieri, una preciosa villa toscana, ubicada entre Trequanda y Montisi. Los americanos Margot Stone Bowen y su marido Mark, la compraron hace tres años y ahí están desarrollando un lindo proyecto de vinos y aceite de oliva. Muy pequeño, pero ya venden su extra virgen, Ultima Pietra, en Estados Unidos, con la famosa IGP (indicación geográfica protegida) Toscano.

Junto a dos primas de Margot y el equipo liderado por Marco, un entusiasta italiano que ha vivido en la zona desde siempre, nos lanzamos a la aventura de la cosecha, extendiendo mallas, trepando árboles, llenando cajas, cargando la camioneta. Entren medio, un pequeño break con un pic nic lleno de exquisiteces locales, que compartimos todos juntos, y luego a seguir, para llegar a última hora al frantoio. Ver salir las primeras gotas del aceite es una experiencia memorable. Llenamos nuestra botella y la llevamos a disfrutar una increíble cena en la villa para celebrar nuestro día de cosecha.



Día 3: Siena y un Palio extraordinario

Aunque el sur de la Toscana tiene muchísimos atractivos, vale la pena desviarse un poco más al norte y llegar hasta uno de los pueblos míticos de esta región: San Gimignano. Sus torres, famosas en todo el mundo, y su colina llena de viñedos y olivos, son marca registrada de esta parte de Italia. Basta una mañana para recorrerlo.

Así queda tiempo para descubrir Siena, con su catedral y su Piazza del Campo, una de las ciudades más lindas de todo el país, que no tiene la fama artística de su rival Florencia, pero goza de un encanto especial. Esa semana, el ambiente estaba revolucionado, porque se vivían los ensayos finales para el gran Palio extraordinario que se celebró el 20 de octubre. Esta fiesta popular, que se realiza hace más de 400 años, enfrenta a los diferentes barrios en una carrera de caballos en el corazón de la ciudad. Congrega a miles de personas, y los locales muestran su entusiasmo con cantos y gritos, además de los pañuelos con los escudos de los barrios que cuelgan de cualquiera que se cruce en el camino. El ensayo es casi como vivir la fiesta en si misma.

Siena está repleto de restaurantes que vale la pena descubrir, pero un “must”, y siempre lleno (reservar sí o si) es La Taverna di San Giuseppe.


Día 4: Pecorino y trufas

Montepulciano es otro de los pueblos vinícolas de fama mundial. Encaramado en otra colina (¡siempre!), sus calles y catedral son una maravilla, pero más son las vistas que se logran desde sus miradores. El pueblo está lleno de cantinas, que se pueden visitar para degustar sus vinos y descubrir el proceso del famoso vino Nobile de Montepulciano, uno de los más viejos de Italia.

Para finalizar este ruta, llegamos a Pienza, encarnación de la utopía renacentista, “ciudad ideal”, declarada como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1966. Además de su arquitectura maravillosa, esta es una de las capitales del pecorino, queso elaborado con leche de oveja, que se puede disfrutar en muchas versiones y cientos de platos. Hay queserías que ofrecen visitas para participar de su producción, y bares que llaman a hacer un break y disfrutar una copa de vino con una brusqueta.

El broche de oro, una comida en el restaurant de La Bandita Townhouse. No suena muy local, pero su chef, David Mangan, lleva años inmerso en los sabores toscanos y su tagliolini al tartufo es sencillamente para morirse.


Olive fever in Tuscany

Autumn appeared slow in Tuscany last October and the emotion was felt in the environment. It was the time of the harvest of olive trees, so we joined the "olio nuovo" fever and we set out to explore the south of Tuscany, an Italian region located north of Rome, famous for its extra virgin and its wines.

To stay, there are hundreds of agriturismo that offer from the extreme luxury to the most absolute simplicity. Choose one, and from there go for walks during the day, enjoy relaxed breakfasts, with eggs, prosciutto, cheeses and fresh tomatoes or whatever the season offers, because everything is local and seasonal.

Without hurry, but without pause, this is a four-day circuit full of some of the best wines, cheeses and extra virgin in the world.

Day 1: Going for the myth

Montenero is not one of the outstanding destinations in the Tuscan tourist circuit. Located at the top of the hill, and overlooking the Val d'Orcia, it is one of the dozens that we find in this area, but right in the center, we find the modern mill of one of the most famous producers in the world, always at the top of the world competitions and "producer of the year" from the Flos Olei guide: Frantoio Franci.

They have just been harvesting for a week, when we visited them that Tuesday in mid-October. Like every morning, Giorgio Franci and his sister Lucia, blindly taste all the production of the previous day. It is a family ritual that they repeat in each harvest, and according to that they are classifying the oils to define what will go to each line afterwards.

That morning, Giorgio handed me two glasses of the day's selection. I am impressed by the intense green of Moraiollo, one of the "classic Tuscan" varieties, along with Leccino, Pendolino and Frantoio. Like everything they do, it's incredible ... Franci is simply Franci.

A perfect visit to start this trip, crowned with a lunch in the village restaurant: La Anticca Fattoria del Grotaione. Simple local cuisine, prepared with local products and accompanied by Montecucco and Brunello wines from Montalcino. But the best, each dish with its perfect combination of extra virgin.

We continued in Poderi Borselli, a company that seeks to make a name in the extra virgin world with an organic and sustainable proposal. Located in an area known as "Val d'Oro" (Golden Valley), at the foot of Montegiovi, they produce only two oils: Argento, a mixture of Tuscan varieties, and Oro, a monovarietal from Olivastra Seggianese that has the PDO ( protected designation of origin) "Seggiano". We taste them in the restaurant, open all year round, where the family offers Tuscan specialties to enjoy their oils. Under the floor of this place, the mill works at full speed in the hands of Davide Borselli, a charming and passionate producer. Both companies offer open visits to the public, upon reservation.

To close the day, a visit to Montalcino, a town full of charm, where you have to get lost in its streets and bars, to enjoy what gives it its great fame: its Brunello di Montalcino.

Day 2: Olio nuovo

Every year, families gather between October and December to harvest their olive trees, and bring the fruit to the "frantoio" (mill) of the town, where it will be processed to extract the oil. Accompanied by plastic drums or small 50-liter tanks, they wait patiently for their production to take them back home. There they distribute it among family and friends, and consume it during the year. A few bottle it and sell it with colorful posters hanging in its gates, or at "olio nuovo" festivals that are celebrated everywhere in the fall.

Living a harvest day is easy. There are few workers, so small producers happily receive the help offered by tourists or friends. We arrived at Poggio Pieri, a beautiful Tuscan village, located between Trequanda and Montisi. The Americans Margot Stone Bowen and her husband Mark, bought it three years ago and there they are developing a nice project of wines and olive oil. Very small, but they already sell their extra virgin, Ultima Pietra, in the United States, with the famous IGP (protected geographical indication) Toscano.

Along with two cousins ​​of Margot and the team led by Marco, an Italian enthusiast who has lived in the area since always, we launched into the adventure of the harvest, extending nets, climbing trees, filling boxes, loading the truck. In the middle of all, we made a little break with a picnic full of local delicacies, which we all shared together, and then to continue working, to arrive in the afternoon at the frantoio. Seeing out the first drops of oil is a memorable experience. We filled our bottle and took it to enjoy an incredible dinner in the villa to celebrate our harvest day.

Day 3: Siena and the extraordinary Palio

Although the south of Tuscany has many attractions, it is worth to turn a little further north and reach one of the mythical towns of this region: San Gimignano. Its towers, famous throughout the world, and its hill full of vineyards and olive trees, are trademarks of this part of Italy. One morning is enough to cover it.

This leaves enough time to discover Siena, with its cathedral and its Piazza del Campo, one of the most beautiful cities in the country, which does not have the artistic fame of its rival Florence, but has a special charm. That week, the atmosphere was revolutionized, because the final rehearsals for the great extraordinary Palio that was celebrated on October 20 were lived. This popular festival, which has been organized for more than 400 years, confronts the different neighborhoods in a horse race in the heart of the city. It congregates thousands of people, and the locals show their enthusiasm with songs and shouts, as well as colorful scarves with the shields of the neighborhoods that hang from anyone who crosses the road. The essay is almost like living the party itself.

Siena is full of restaurants that are worth discovering, but a "must", and always full (booking is essential) is La Taverna di San Giuseppe.

Day 4: Pecorino and truffles

Montepulciano is another of the world famous wine towns. At the top of another hill (always!), Its streets and cathedral are wonderful, but more are the views that are achieved from their viewpoints. The town is full of canteens, which you can visit to taste their wines and discover the process of the famous wine Nobile de Montepulciano, one of the oldest in Italy.

To finish this route, we come to Pienza, incarnation of the Renaissance utopia, "ideal city", declared a World Heritage Site by Unesco in 1966. In addition to its wonderful architecture, this is one of the capitals of Pecorino, a cheese made with Sheep's milk, which can be enjoyed in many versions and hundreds of dishes. There are producers who offer visits to participate in its elaboration, and bars that call to make a break and enjoy a glass of wine with a "brusquetta".

The great closing: a meal at the La Bandita Townhouse restaurant. It does not sound very local, but its chef, David Mangan, has been immersed in the Tuscan flavors for years and his tagliolini al tartufo is simply to die for.


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